miércoles, 11 de agosto de 2010

Castela Vetula, Taranco y Don Jesús.


Estudié Periodismo en Lejona. Siempre que no había huelga, podíamos ir a clase. Entre 1979 y 1984, en la Facultad de Ciencias de la Información del País Vasco se paraba por todo: guerra sucia, torturas policiales de etarras, asesinatos del GAL y el Batallón Vasco Español, reivindicación de la Amnistía… La protesta era parte del calendario lectivo, siempre y cuando no se denunciasen los crímenes de ETA, que por aquel entonces llegaba a asesinar a unas cien personas al año. Levantar la voz contra los gudaris estaba prohibido. Tácitamente todos los alumnos de mi clase sabíamos quienes podían hablar y quienes no en las asambleas que decidían el próximo paro, la próxima huelga... En cierta ocasión, un chaval que intentaba tapar su aspecto infantil tras una incipiente barba se atrevió a hablar desde la tarima en una de esas asambleas. Y lo hizo en nombre de las Juventudes Socialistas. Pensé que ahí acabarían sus días pero, contra pronóstico, no fue lapidado por los talibanes del autodenominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco.
En tercero de Periodismo, por aquel entonces, había una asignatura que se llamaba Historia de Euskadi. Hoy día, su profesor habría sido tachado de españolista por aceptar impartir clases sobre ese paisito que ahora se asocia con una comunidad autónoma de tres provincias (perdón, quise decir “Territorios Históricos”… Sí, así, con mayúsculas). Seguro que la asignatura ya habrá sido rebautizada como Historia de Euskal Herria. El profesor Choperena era un tipo tolerante y consentidor. Nos había encargado un trabajo escrito sobre el tema que nos diese la gana. Entre los 250 municipios que componen Euskadi, no había ninguno que me cautivase lo suficiente como para volcarme en su estudio con la necesaria pasión. Le pedí a Choperena que me permitiese trabajar sobre mi tema histórico favorito: el Monasterio de Taranco, en el Valle de Mena, provincia de Burgos. En su acta fundacional se escribió por primera vez la palabra Castilla. Al menos, eso se decía por aquel entonces. Choperena no tuvo ningún inconveniente.
En aquellos años había llegado hasta Villasana la influencia de una Asociación Cultural llamada Castela Vetula, que profundizaba en el estudio de las raíces castellanas de las Merindades del Norte de Burgos. No en vano, el germen de Castilla arraigó y creció saludable en estos parajes. Varias personas de diferente formación académica e ideológica nos reuníamos en Villasana en torno a dicho colectivo. Recuerdo una intensa celebración del Día de las Merindades en Bisjueces, donde me diplomé como camarero de chozna. Todo en aras del engrandecimiento del Pendón de Castilla y en memoria de los valientes comuneros Bravo, Padilla y Maldonado. Aquella erupción seudonacionalista fue como un sarampión que se me curó en un par de veranos.
Armado de los dos libros sobre el Valle de Mena a los que tuve acceso, el del sacerdote Don Ángel Nuño, fechado en 1925 y el del abogado Pepín Bustamante, emprendí la tarea. Los dos volúmenes de la obra del cura eran propiedad de mi familia. El de Bustamante, prestado. Para completar el estudio tuve que realizar numerosas visitas al Archivo y Biblioteca de la Diputación Foral de Vizcaya. Copiando un poco de aquí y otro poco de allá fui dando forma a un mamotreto que situaba históricamente la construcción de aquel Monasterio en honor de San Medel. La guinda fue mi descabellada hipótesis de ciencia ficción histórica: el castellano podría haberse llamado simplemente menés en caso de no haber prosperado la Reconquista y haberse estancado y consolidado el Camino de Santiago en su recorrido próximo a la costa cantábrica. Como para apedrearme… Sin embargo, el profesor Choperena me puso una matrícula de honor. Tal vez por mi notable progresión en el ejercicio de la mecanografía. Ciento y pico folios de trabajo impresionaban a cualquiera en Lejona.
Sin embargo, aquel audaz ejercicio de historia contenía un par de ingredientes interesantes. Por un lado, una colección de fotos del llamado Monte Monasterio, en Taranco de Mena, bajo cuya superficie se esconderán muchos secretos que ninguna institución se ha decidido a excavar aún. Si Taranco hubiese estado en Euskadi, hoy día allí habría un Museo y un Centro de Interpretación. Por otro lado, en “San Medel, Historia de un Monasterio” (que así se llamaba el trabajito) se incluía una traducción de su Acta Fundacional. En dicho documento se asegura que el origen de aquel núcleo de población está en el año 800, fecha en que dos hermanos monjes, Vítulo y Ervigio habrían enumerado cuáles eran todas sus posesiones, que dedicaban a la alabanza de Dios. Tiempo después se ha sabido que dicho Acta Fundacional podría ser un texto apócrifo datado en torno al año 1000.
Para la traducción de ese documento conté con la inestimable ayuda de un buen amigo, sacerdote y compañero de frontón. Hablo de Don Jesús, un cántabro gran aficionado a las traineras y espléndido zaguero de paleta con pelota de goma. Entre partido y partido en el polideportivo de Villasana, el cura Don Jesús accedió a traducir del latín el texto del Acta Fundacional del Monasterio de Taranco. Éste es el elemento más valioso de aquel trabajo universitario.
Durante años mantuve la amistad con aquel sacerdote que siempre sonreía. Cuando perdió la vista, tuvo que abandonar la casita en la que vivía, junto a los antiguos columpios de Villasana. Te cruzabas con él por la calle en sus rutas de paseo y tenías que avisarle de tu presencia unos cuantos metros antes del encuentro para que se parase a charlar al reconocer tu voz. Casi ciego, pasó a ocupar una habitación en el Asilo, donde en cierta ocasión le vi disfrutar de una regata en la televisión de su habitación. Apenas distinguía algunas manchas de color de las traineras que le bastaban para hacerse idea de cómo marchaban las chandas y ciabogas. Sin ver tres en un burro, seguía dando misa en el Colegio de las Monjas y en el Convento. Un buen día se murió. Me enteré tarde. No pude despedirme de él. Era el amigo con el nombre compuesto más raro que he tenido nunca. Don Jesús.

1 comentario:

  1. Si algun dia publicas tu super "trabajito" como tu lo llamas, seré la primera en leermelo, y bonito homenaje a Don Jesus.
    Por aqui te sigo desde el primer dia, buen trabajo y sigue asi, seguro que son muchos los que te leen desde el silencio.... pero es que despues de lo que tu escribes, la verdad, uno se queda sin palabras para poner en los comentarios.

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